Hipertensión arterial en los pulmones


Cuando en las arterias pulmonares, que son las que llevan la sangre cargada de poca cantidad de oxígeno desde el ventrículo derecho del corazón hasta los pulmones,  se experimenta un incremento en la presión sanguínea, esta anomalía se traslada al mismo lado del músculo miocardio y genera en la persona que lo sufre mucha dificultad para respirar. Clínicamente esta dolencia se denomina hipertensión arterial pulmonar.

            En este caso la presión de la sangre puede dispararse debido a una constricción de los vasos sanguíneos de esa zona, por una variación en las dimensiones de las paredes de los vasos ante una tensión de los músculos que los bordean, por una inflamación a este mismo nivel o por un émbolo pulmonar (coagulitos de sangre). 

Esta enfermedad reviste una enorme gravedad, tanta que no es posible curarla, pero sí ser controlada a través de una serie de tratamientos que permiten garantizar una aceptable calidad de vida a quienes la padecen.

            En condiciones normales, las arterias pulmonares están constituidas por vasos sanguíneos que irrigan las arterias y vasos capilares de los pulmones para que estos oxigenen toda esa sangre que luego regresará hacia el ventrículo izquierdo para desde allí ser bombeada por todo el circuito arterial del organismo.

            Producido el colapso por la alta presión sanguínea en la zona derecha del corazón, ello debe tratado con carácter de urgencia. Es vital un diagnóstico temprano, basado en una serie de pruebas,  pues inicialmente los síntomas pueden confundirse con  enfermedades pulmonares o afecciones cardiacas. 

Una de las principales señales, y hasta la más indicativa, se da cuando, por ejemplo, una persona realiza actividades deportivas y siente que es incapaz de respirar, independientemente de su edad u otros factores como el sexo o color, aunque suele ser más común en la población femenina entre los 30 y los 50 años.

La hipertensión arterial pulmonar, cuya sintomatología se ampliará a medida que se intensifique o agrave, puede tener su origen en los genes, es decir ser hereditaria. También, idiopática que es cuando no existe una causa definida, así como de tipo asociado, que es cuando se desarrolla en personas con otras enfermedades como Virus de Insuficiencia Humana, lupus eritematoso (tejidos afectados por el mismo sistema inmunológico), esclerodermia sistémica (piel estirada y endurecida con afectación de los vasos sanguíneos y órganos), patologías hepáticas, cardiacas hereditarias y otras.

   El riesgo asciende cuando se incurre en el consumo de drogas como anfetaminas y cocaína y hasta por la ingesta de pastillas para perder peso.

La persona con hipertensión arterial pulmonar, de manera paralela al tratamiento médico especializado, debe asumir una serie de cuidados adicionales como consumir alimentos nutritivos y naturales, minimizar la ingesta de sal, hacer las tres comidas al día y hacerlo con pausa, siempre sentada, cepillarse los dientes después de ingerir los alimentos, al levantarse y acostarse para prevenir infecciones, llamar de inmediato a su médico ante cualquier eventualidad.

 Desechar las bebidas etílicas, así como el cigarrillo; las visitas a los sitios de elevadas altitudes también le son prohibitivos y, si es mujer le toca evitar un embarazo dada la enorme actividad que ello supone para el corazón.

Educarse sobre la enfermedad y seguir de manera estricta las pautas de los médicos permitirá al paciente, y quienes lo rodean, llevar una mejor calidad en el estilo de vida.

Hipertensión arterial severa ¿ Qué hacer?


La hipertensión es una enfermedad muy común, pero que actúa de manera agazapada. Quizás, seguidos episodios de cefaleas podrían ser un indicativo de que se está cursando este mal, y a veces una sola situación de estrés o angustia es capaz de disparar los niveles de la presión arterial, lo cual sólo puede ser determinado a través de una simple medición arterial. 

Afortunadamente hoy en día es posible controlar y mantener las cifras tensionales lo más normales posibles gracias al previo diagnóstico de ese tipo de causas y el suministro de distintos medicamentos en una única dosis.

Sin embargo cuando la hipertensión es severa es porque elementos adicionales están interviniendo en su desarrollo, pudiendo acarrear graves complicaciones a nivel del corazón, cerebral, en la visión y renal, entre otras. 

Cuando la persona afectada por este mal mantiene picos tensionales por encima de los 140/90 y pese a ello no se ajusta a la medicación ni a un plan sano de vida, entonces la evolución de la enfermedad será adversa, pudiendo alcanzar cifras peligrosas, por encima de los 180/110 miligramos mercurio con una riesgo inminente para la salud del sistema cardiovascular. 

La situación será igual de desalentadora para quienes, aun con cifras por debajo de las mencionadas, incurren en el consumo de cigarros, alcohol,  tienen altos los niveles de colesterol, son de avanzada edad o ya han cursado fallas renales, cardiacas o cerebrales.

En este contexto de una hipertensión severa descontrolada existe una amenaza latente de que el enfermo sufra una retinopatía, un ataque al miocardio, insuficiencia cardiaca y renal, así como accidentes cardiovasculares. Se trata entonces de un enfermo de elevadísimo riesgo clínico, que amerita no de un solo fármaco, sino de la ingesta de un cóctel de estos a fin de lograr disminuir la presión arterial y con ello las probabilidades de que sufra eventos patológicos como los ya descritos.

Un hipertenso severo puede no tener síntomas o tener variadas características sintomatológicas, lo que puede crear confusión. De allí la importancia de dar con la causa precisa del desmedido incremento tensional, que podría ser una falla por  constricción de una arteria a nivel de los riñones, la liberación irregular de hormonas  como el estrógeno y los glucocorticoides o por factores externos como la obesidad. De ser este el caso se trataría de una hipertensión secundaría y ello va a dar luz sobre el tratamiento que realmente ha de aplicarse.

Un paciente consciente de lo que significa ser hipertenso debe apegarse a las recomendaciones de los especialistas tratantes, bajo el entendimiento de que la ingesta de las fórmulas farmacológicas que le han sido prescritas es permanente, es decir de por vida a fin de procurar la normalización de los niveles de la presión sanguínea.  

            De manera simultánea debe vigilar que su peso se mantenga en rangos aceptables, hacer un uso prudente de la sal en las comidas, llevar a la práctica una rutina de ejercicios como caminatas, lo que le generará bienestar físico y también emocional.  

            De hecho la hipertensión es posible prevenirla adoptando una calidad de vida saludable, en la que no haya cabida para el abuso de sustancias etílicas, de drogas, cigarrillos, como tampoco para comidas con grasas saturadas, pero sí incluyendo frutas, verduras, cereales, fibras y otros alimentos contentivos de omega 3, 6 y 9, proteínas, minerales y vitaminas.


Hipertensión arterial en adolescentes


            En virtud de que están en la flor de la vida, la mayoría de las personas, incluso sus propios padres, ignoran que los adolescentes también pueden sufrir de hipertensión. En distintos países, al menos un promedio de 5% de esta población desarrolla altas cifras tensionales aun cuando no se percaten debido a que esta es una enfermedad que va teniendo efectos de manera silente.

            Pese a que entre los factores de riesgo de este mal se anotan los antecedentes familiares, el sedentarismo y los malos hábitos alimentarios -son característicos en este grupo etáreo al consumir gaseosas, la llamada comida chatarra, abundancia de dulces y un sinfín de snack empacados, mientras se pasan horas sentados ante un ordenador o un aparato de televisión-,  los adolescentes no suelen ser sometidos a mediciones arteriales y por añadidura escapan a cualquier monitoreo médico que permita diagnosticar y controlar esta patología.

            Frente a estas circunstancias y por el desconocimiento de  lo vulnerables que pueden ser estos jovencitos ante este estilo de vida, se corre el peligro de que la enfermedad se les desarrolle, se mantenga y trascienda hasta la adultez con las consecuencias nefastas que acarrea en el funcionamiento de los órganos del sistema cardiovascular y obviamente para la preservación de la vida.   

            Hasta hace algunos años, los pocos casos de presión arterial alta en personas no mayores de 17 años que eran detectados se relacionaban con una hipertensión secundaria, es decir de causa conocida y por lo general derivada de anomalías en la función renal. Sin embargo hoy en día el número de chicos con hipertensión primaria, o sea de origen no preciso pero en la que pueden haber intervenido factores ambientales y familiares, ha ido experimentando un mayor crecimiento.

            Es posible que algunos de ellos presenten cefalea, fatiga, mareos, que sangren por la nariz, pero la mayoría no acusa síntomas, sino cuando ya están manifestados los daños, de forma especial en el ventrículo izquierdo cuyas dimensiones aumentan. También con endurecimiento o ateroesclerosis, bajo la amenaza de padecer de patologías a nivel coronario durante la adultez, pues en esta última etapa  las probabilidades de ser hipertenso rebasarán el 70% si ya ha habido el antecedente.  

            Una vez más surge la prevención como la alternativa más acertada para combatir los efectos de este flagelo que tantas vidas cobra diariamente a nivel mundial.

            Unos padres hipertensos han de estar conscientes que el factor hereditario es relevante en el desarrollo de la enfermedad, por lo cual es impostergable que lleven a sus hijos a chequeos  de la presión arterial, incluso desde los tres años de edad; vigilar que los pediatras lo hagan.

Igualmente han de promover en ellos, desde temprana edad, los buenos hábitos alimentarios; que el cometer un “pecado” sea en este sentido una práctica eventual, pero jamás la constante.

Asimismo incentivarlos y apoyarlos, incluso con acompañamiento, en la realización de actividades físicas, en paseos por parques donde correr, trepar,  patinar, andar en bicicletas, todo lo cual es de un incuantificable beneficio para la salud, sobre todo la cardiovascular que es la devastada cuando existe una hipertensión severa.